Joyce nos cuenta:
“Reconozco que yo era citadina y que el que quería venir al Valle Sagrado era mi marido. Vinimos en un paseo con varios amigos hasta la selva por tierra, y una de nuestras paradas fue Pisac en un día Domingo. Mi hijo mayor que vive en Pisac, nos propuso ir a ver el terreno que se acababa de comprar. Quedaba solo a 5 minutos en carro. Fuimos 4 parejas. Desde que el carro entro al caminito de tierra, me enamore de la vista panorámica, la luz. Había más tierra a la venta y los 4 que fuimos, compramos lo que quedaba. Después nos hemos ido enterando de las leyendas mágicas que rodean el lugar.” |